La conversación que no sabía que necesitaba (y por qué a veces cura más que cualquier consejo)

1/16
Rocío Bracero

#yomisma #somosloquenospasa

Hay días en los que no necesitas una solución.

Ni un curso. Ni una crema. Ni una meditación de 45 minutos que sabes perfectamente que no vas a hacer. Hay días en los que solo necesitas escuchar:

“A mí también me pasa.”

Y de repente bajas los hombros. Porque llevabas tres semanas pensando que eras la única que no llegaba a todo. La única que se sentía cansada sin motivo. La única que quería estar sola cinco minutos y a la vez se sentía culpable por quererlo. La única que tenía mil personas alrededor y, sin embargo, se sentía un poco sola. Y no. No eras la única.

A mí me pasa continuamente.

Llevo toda una vida haciendo todo lo que se supone que hay que hacer.

Trabajas. Llevas la casa. Atiendes a los niños. Contestas mensajes. Sonríes. Cumples. Y aun así notas que algo no encaja. Como cuando llevas una piedra en el zapato.

No es grave. Pero tampoco desaparece. Y de repente hablas con otra mujer, pero no cualquiera, hay que dar con el círculo adecuado.

Cinco minutos. Una conversación normal.

Sin mentiras, sin disimular, sin tener que demostrar nada.

Sin intentar impresionarla. Y descubres que ella también se ha encerrado alguna vez en el baño para llorar en silencio. Que también ha llorado de agotamiento. Que también ha sentido que se estaba dejando para el final de la lista.

Y algo cambia.

No porque te haya dado una solución mágica. Sino porque ya no estás sola dentro de tu cabeza.

Creo que nos han vendido que cuidarnos es hacerlo todo solas. Que la mujer fuerte puede con todo. Que la mujer organizada llega a todo. Que la mujer equilibrada nunca pierde el centro.

Y sinceramente… Yo no conozco a ninguna.

Conozco mujeres maravillosas. Fuertes. Valientes. Inteligentes. Pero también cansadas. Contradictorias. A veces perdidas. A veces brillantes.

Y casi siempre intentando hacerlo lo mejor posible.

Por eso, cada vez creo más en una cosa muy sencilla:

Rodearme de personas con las que pueda quitarme la armadura.

Porque a veces el autocuidado no es una rutina. Es una conversación. Es un mensaje. Es un “yo también”.Es dejar de sentir que tienes que sostener el mundo tú sola.

No sé si os pasa.

Pero yo cada vez valoro más los espacios donde una puede llegar despeinada por dentro. Sin tener que demostrar nada. Sin competir. Sin aparentar.

Simplemente estar.

Y recordar que, aunque a veces lo parezca…

ninguna estamos haciendo este camino solas.

❤️

¿Y tú?

¿Cuál fue la última conversación que te hizo sentir: “menos mal, pensaba que solo me pasaba a mí”?

Compartir: